En los últimos días se ha difundido la versión de que el Partido del Trabajo (PT) amenaza con romper la alianza electoral con Morena debido a que sus primeros diez aspirantes a gubernaturas fueron ignorados en el reparto de candidaturas. Sin embargo, esa narrativa carece de sustento político y financiero: el PT no puede sobrevivir sin el régimen, y su permanencia en la coalición es cuestión de vida o muerte para su estructura.
Un partido con dueño y con presupuesto
El PT es un partido peculiar en el sistema político mexicano. Fundado en 1990, ha tenido un solo presidente en sus 36 años de existencia: Alberto Anaya Gutiérrez, quien controla férreamente la organización. Bajo su liderazgo, el PT ha mantenido registro nacional gracias a su alianza constante con fuerzas mayores —primero con el PRI en algunos estados, después con la izquierda y, desde 2018, con Morena.
La razón es clara: el PT depende de los recursos públicos que recibe como partido aliado. Tan solo en 2026, el financiamiento para los Centros de Desarrollo Infantil (CENDIS), proyecto personal de Anaya, asciende a más de mil millones de pesos. Estos centros educativos han sido señalados en múltiples ocasiones como la verdadera columna vertebral del partido, pues garantizan empleo, estructura territorial y presencia social. Sin el respaldo del régimen, ese financiamiento estaría en riesgo.
La alianza como oxígeno político
Aunque se hable de tensiones por candidaturas, lo cierto es que el PT no tiene margen para romper con Morena. Su fuerza electoral propia es mínima: rara vez supera el 3% de la votación nacional, y en estados clave apenas logra conservar registro local. La coalición con Morena le asegura representación en el Congreso, acceso a prerrogativas y la posibilidad de mantener vigentes sus proyectos sociales.
En términos prácticos, el PT irá aliado en el Congreso con Morena, porque ahí se juega su supervivencia política y financiera. La narrativa de ruptura es más un recurso mediático para presionar por espacios que una amenaza real.
Un partido satélite
El PT se ha consolidado como un partido satélite, cuya función es sumar votos a la coalición y garantizar que Morena conserve mayoría legislativa. A cambio, obtiene posiciones plurinominales y recursos para sus programas. La figura de Alberto Anaya, inamovible en la dirigencia, refleja esa lógica: mientras el régimen le garantice presupuesto, el PT seguirá siendo un aliado fiel.
